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Biblioteca Popular "José A. Guisasola"

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Libertad, por Isabel Racciatti. Taller El Perdido digital - Consigna 2

Aunque su padre había imaginado para él un brillante porvenir en la ciudad, Heber había terminado por ganarse la vida con un oficio insólito, atrapaba pájaros de distintas especies que luego vendía en el pueblo.

Vivía solo en una gran casa que él mismo había diseñado. Se la veía triste, desolada, abandonada por dentro y por fuera.

De mañana partía al pueblo, se paraba delante de las inmensas jaulas y las observaba, centenares de aves volaban como podían protegidos del cielo.

Un día llegó una mujercita morena y bella, su apariencia era innovadora y aventurera. Se llamaba Graciana y ambos se contaron como transcurrían sus días, fue amor a primera vista. Por la noche entró en su cama y se amaron intensamente.

Los meses transcurrieron y ella sufría cada día al ver las aves encarceladas. Con el tiempo, juntos tuvieron una idea brillante, dedicarse a la agricultura.

Una noche de luna llena abrieron las jaulas, música en fuga volando en el cielo.

Uno de ellos se posó sobre un poste de madera, ese pequeño ser eligió quedarse y con su presencia amistosa les procuraría un poco de alegría a sus vidas, pero esta vez con libertad.



Texto: Isabel Racciatti / Artista: ©María Pía Corral
Taller: El Perdido digital 2016 / Módulo 2 – Foto A y B
Campus virtual Biblioteca Popular / Coordina: Julia Martín
Proyecto: El Perdido LEE

Isabel Racciatti. Taller El Perdido digital - Consigna 1

Yo no sé en donde vivo,
por Isabel Racciatti


La noche se hizo día
y el día se hizo noche.

Mi vida toma un rumbo diferente,
el sol ya no alumbra, la luna se durmió,
las estrellas no brillan, el viento ruge
y yo sentada bajo un árbol desnudo
sobre rocas ásperas que me lastiman.

Perdí la noción del tiempo, la alegría.

Mundo ficticio, agobiante
cambiarlo no puedo.


Camino y no puedo
escucho ruidos y no los hay
siento frio, es verano.

El mundo gira a mí alrededor.

Las horas fueron días
los meses años.

Sigo sola sin rumbo, nadie me escucha.

Las flores son oscuras, los pájaros mudos.

Nada es igual.


Despierto,
regreso a mi lugar
en mis sueños al mundo cambiarlo no he podido.

Acá él día, es día, la noche es noche, el sol abriga.

Las hojas visten de verde a los arboles desnudos,
las flores perfuman,
los pájaros trinan.

Por eso algo te pido, no cambies nunca ¡¡El Perdido!!



Texto: Isabel Racciatti
Taller: El Perdido digital 2016
Módulo 1 – Foto C y A
Campus virtual Biblioteca Popular
Coordina: Julia Martín
Artista: © Pablo Rodríguez

La niña y el pajarito, Por Isabel Racciatti. Consigna 5, Nivel A - Módulo 5

La niña está en el patio
jugando con sus muñecas,
la abuela riega las plantas
mientras también la cuida a ella.

La niña mira hacia el frente
cruza la calle corriendo,
un pajarito la espera,
sus alas rotas, herido queda.

La niña extiende sus manos
para poder agarrarlo,
el pajarito se queda
luego podrá curarlo .

El pajarito ya vuela,
pero la niña no quiere
tiene miedo que la deje,
por eso lo va a encerrar.

En una jaula él vive
aunque ya pueda volar,
ya no canta melodías,
a él no le gusta su hogar.

Una mañana soleada
de comer le va a dar,
él ya no come, no bebe,
¡¡Qué triste, que triste está!!

La niña le abre la reja
el pajarito se va,
la niña queda llorando
pero le dio libertad.

El jardín ya tiene flores
la niña de nuevo está,
jugando con sus muñecas
mas no lo pudo olvidar.


Isabel Racciatti
Modalidad: a distancia
Nivel A – Módulo: 5, consigna 5
Campus Virtual – Profesora: Julia Martín
Biblioteca Popular “José A. Guisasola”
Septiembre de 2015

Una niña perdida en el bosque. Por Isabel Racciatti. Consigna 4, Nivel A - Módulo 4


Había una vez una familia que vivía en un bosque, donde los árboles bondadosos cubrían los nidos de los pájaros entre sus hojas mientras ellos cantaban sus hermosas melodías.

Tenían una casa recubierta con piedras que de noche brillaban y la iluminaban, con muchas ventanas donde el sol muy temprano con su resplandor dorado les anunciaba el amanecer.

Estaba rodeada de árboles, flores, era ¡¡¡muy alegre!!! Los cuatro eran muy felices viviendo allí. Mora, la menor, era pequeña, morocha, con ojos verdes de tez blanca, tan blanca como las nubes. Rogelio su hermanito, se destacaba por curioso, picarón y travieso. Sus papás siempre estaban para cuidarlos.

Juntos hacían cosas divertidas, tenían juegos de mesa, leían cuentos, cocinaban, eran muy compinches y los educaban con mucho amor.

Todos trabajaban para poder vivir en ese lugar, la niña era muy estudiosa, ayudaba a su madre en todo lo que podía, Rogelio jugaba con las semillitas de colores que encontraba en el bosque, hacía agujeritos y las enterraba. Las semillitas las cuidaba y luego nacían, cerezas, arándanos, etc. Luego las cosechaban y mientras bailaban, llenaban los canastos de frutos. Su mamá preparaba los frascos para envasar los dulces que llevarían al pueblo todos los meses junto a los muebles que su papá fabricaba con madera que juntaba en el lugar. Las mantas que tejían en familia y muchas cosas más.

Así sus días pasaban sin darse cuenta.

Una mañana deciden ir al pueblo. Prepararon los caballos, el carro y la mercadería, ya preparados para salir, Mora no quiso ir y con varias excusas convenció a sus papás, eso sí, no debía salir de su casa ni abrir la puerta a nadie. Les dio un beso grande y entró: hizo los deberes porque al otro día debía ir a clases luego tomó la leche y miró hacia afuera, se sentía aburrida, se moría por recorrer el bosque. Entonces tomó su sombrero con flores, los anteojos oscuros, la cantimplora con agua y salió sin pensarlo. Los topos curiosos al verla asomaban sus cabezas y las volvían a guardar.

Ella nunca salía sola; siguió y ahí fue donde las ardillas traviesas que jugaban con las flores y las mariposas la vieron, se unieron al paseo, les gustaba estar con la niña, caminaron, cantaron, jugaron sin parar, se cansaron y decidieron dormir una siestita.

Cuando despertó, el sol se había escondido, las estrellas brillaban y Mora estaba sola, sus amiguitas se habían ido. Tenía miedo por lo que se levantó y caminó.

Como por arte de magia aparecieron las luciérnagas, se treparon sobre su sombrero y la alumbraron, gracias a ellas encontró una choza, se acercó y contuvo la respiración. Abrió la puerta, instantáneamente la invadió una sensación de alivio, una mujer insignificante avejentada y con el cabello revuelto estaba a su lado, Mora dio unos pasos hacia adelante y lloró, sus lágrimas humedecieron su ropa, tenía frío, hambre. La anciana se dio cuenta y le dijo no tengas miedo compartiremos la cena y la cama, mañana muy temprano te llevaré, conozco este lugar de punta a punta, aquí nací y crecí. Lávate y luego cenamos. Así fue, le ayudó a lavar los platos y se acostaron. Mora arrepentida pensaba en su familia que seguramente estaría buscándola sin parar, dio mil vueltas en la cama y así logró dormirse.

Muy temprano la anciana se levantó, le preparó la leche, abrió la puerta y con un silbido llamó a Gervasio que era su burro; en éste subió a la niña y salieron, hablaron mucho, la señora le contó que vivía sola hace muchos años .Mora con pocas palabras describió la hermosa familia con quien vivía y lo feliz que era ¡¡lo mucho que los amaba!!

Así la vuelta fue más corta, llegaron, sus padres estaban afuera, la regañaron, ellas trataron de explicarle, entendieron pero su penitencia tenía que cumplir, quince días sin salir a jugar. Mora aceptó, se dio cuenta que no debía desobedecer a sus papis y si de algo está segura es que no lo volverá a hacer.

Desde ese día su amistad creció con la anciana, se visitaban, pasaban muchas horas juntas y ella fue para los hermanitos la abuela que siempre soñaron tener y ella ahora no estaba sola tenia ¡una hermosa familia!


Isabel Racciatti
Modalidad: a distancia
Campus Virtual – Profesora: Julia Martín
Biblioteca Popular “José A. Guisasola”
Agosto de 2015

La Magia de los Pinceles. Por Isabel Racciatti. Nivel A - Módulo 2 - Consigna 2 gamma


Lo que más tarde llamaríamos una hermosa pintura comenzó en Francia un diez de febrero de 1998. Felipe era un pintor de 37 años y no muy reconocido porque sus obras no eran vendidas. A él le gustaba coleccionarlas.

Su atelier era pequeño, oscuro, frío cubierto de cuadros, espejos, alfombras y velas encendidas, sin muebles y solo tenía un baúl antiguo que se lo había regalado su abuela.

Un día, el pintor, puso un aviso en el diario de la zona solicitando una modelo de origen mestizo para ser su nueva obra, estaba cansado de pintar rubias.

Esa tarde, mientras tomaba su cuarto vaso de vino, preparó un lienzo, oleos y pinceles, ya estaba listo para pintar. Alzó su mirada y tras uno de los espejos, creyó ver a una mujer morena envuelta en un grueso abrigo, ella sin decir nada posaba intrigada. Con voz suave Felipe le dijo: ¡Serás una modelo haciendo un desnudo! Trataré de no tardar mucho.Ella con mucha vergüenza dejó caer su abrigo. Él quedó deslumbrado ante esa figura, con piel aterciopelada, ojos claros y una sonrisa cautivante.

Comenzó a dar sus primeras pinceladas, el negro, el blanco, el marrón, el celeste, empezaron a esfumarse, como por arte de magia las horas pasaron, los pinceles danzaban, las velas ya no alumbraban, y en la mente de Felipe unas preguntas se repetían sin cesar ¿Quién era esa mujer?, ¿Dónde vivía?, ¿Qué hacia?

Luego de varios minutos había terminado, más que una pintura era una fotografía realizada.

Felipe entornó los ojos y al volverlos a abrir, la mujer ya no estaba, se acababa de esfumar sin decir nada.

Pasados varios años, su atelier cambió, hoy tiene luz, paredes de colores, un fogón encendido, sillones, mesas, candelabros y su pintura más amada.

Y ahora en la mente de Felipe ya no suenan esas preguntas que se repetían mientras pintaba a la morena, ahora en su mente solo se repite: “Mujer morena te fuiste, ¿Por qué no dijiste nada?, me enamoré sin querer, te amo y no sabes nada.

Sentado en su antiguo baúl cierra sus ojos pero vuelve a la realidad por un llamado en su puerta.

Cuando se acerca al umbral, sus ojos se abren más que nunca, al reconocer el abrigo, la mujer ya no era la misma, era morena, de piel aterciopelada, pero de cabellos plata, y le hace una pregunta: ¿Tú tienes un cuadro de una morena joven?

Sí, le contesta él, nunca la pude vender. Es el cuadro de mi amor eterno.

Ella sorprendida, deja caer su abrigo, y le dice que la vuelva a pintar.

Los pinceles nuevamente comienzan a danzar, el ambiente envuelto con los densos vapores de los oleos… y es en este momento, que Felipe al pintar esas curvas que reconocía de memoria, se da cuenta de que la morena regresó por su amor.



Isabel Racciatti
Modalidad: a distancia
Campus Virtual – Profesora: Julia Martín
Biblioteca Popular “José A. Guisasola”
Junio de 2015

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